EL COMERCIO: Pacheco, un dirigente con el voto de un peso pesado
El Comercio
UN MÉTODO DEL PRESENTE Y EL PASADO
El dinero lo pongo yo
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No tienen los millones de Roman Abramovich, el ruso dueño del Chelsea, pero en nuestro mundillo futbolero bien podrían parecerlo. Con la chequera en la mano manejan a su antojo las riendas de los clubes. Refuerzan sus planteles con el ojo del hincha que tiene el respaldo de una gran cuenta bancaria y juegan a ser los técnicos que nunca fueron. Dicen que lo hacen por amor al club, aunque más suena a un juego de ego y poder.
La irrupción de Fredy Nossar en nuestro fútbol parece retroceder el tiempo y rememorar épocas en las que Defensor Lima, por citar un ejemplo, dependía exclusivamente del humor de Luis Banchero Rossi. Pero para cubrirse las espaldas el nuevo accionista mayoritario de la institución cervecera ha asegurado el concurso de los celestísimos dirigentes Alfonso Grados y José Osterling, y de su amigo Mario Manzur, de pasado aliancista, para integrar su directiva y así minimizar los riesgos.
Sin embargo, el caso de Cristal no es el único que está a merced de los mecenas, pese a los vientos de cambio que pretenden convertir a los clubes en sociedades anónimas. Quizá no en la medida de antaño, nuestro fútbol hoy también depende del bolsillo generoso de algunos dirigentes, aunque no sabemos a qué costo.
Así como Nossar puede jactarse de tener el control absoluto del equipo bajopontino, otras instituciones lo hacen bajo la misma modalidad. En Alianza, el hoy presidente Carlos Franco cumplió su sueño dorado después de que ‘Cuchi’ de Souza le dejara el sillón. Pese a que no existe una versión oficial, se dice que desde hace casi diez años Franco colabora con el club cuando falta liquidez.
En Ate, el personaje detrás de la sombra se llama Julio Pacheco, un directivo sin cargos mayores, pero que tiene el voto de un peso pesado. Pacheco aporta un millón de dólares por campaña, ya que su empresa, Santo Domingo, es el patrocinador principal de la ‘U’. Aparecer en el pecho del cuadro crema es casi lo mismo que ser el socio-dueño del club. Incluso, su injerencia es tan grande que él mismo se encargó de la renovación de contrato de Mayer Candelo, Carlos Galván y quiso llevar a Johnnier Montaño a la ‘U’.
En provincias, la cosa no cambia mucho. En Tacna, Claudio Pizarro Dávila, el papá del delantero del Chelsea, lleva el mando del Bolognesi, aunque pretende asumir roles secundarios y no aparecer mucho en escena. Todo lo contrario es el caso de César Acuña, alcalde de Trujillo y dueño absoluto del César Vallejo. Acuña es dueño del club, aunque le deja la administración a su hijo Richard.
Más que una sociedad anónima, nuestro fútbol se ha convertido en la sociedad de algunos mecenas.
N. de R.: Este artículo de El Comercio muestra la percepción que se tiene de Julio Pacheco en su relación como dirigente y sponsor del club. Justamente la imagen que proyectó Pacheco despertó las envidias de sus pares.
