Escribe Luis Arturo Cáceres desde Buenos Aires, Argentina
Seré un tipo grande ya, pero los recuerdos de cada partido que disfrutamos o sufrimos juntos precisamente en ese viejo Estadio Nacional se agolpaban en mi mente mientras trataba de tan sólo hacer mi trabajo en una transmisión, que si duda fue la más emotiva de mi carrera periodística. Cómo no recordar cada domingo que nos acercábamos a la boletería de Occidente y era recibido con un "buenas tardes Dr. Cáceres, aquí tenemos sus entradas, como siempre, filas 10 y 12, asientos 2, 4, 6 y 8". O cuando en el momento justo de la noche me compraba los famosos e históricos "panchos Ballesteros". O cuando Peralta fallaba un penal frente a Alfonso Ugarte de Puno escapándosele la clasificación a la Libertadores y me consolaba el llanto en el que estaba sumergido. O cuando me hacía tan feliz bajándome a la cancha cuando faltaba poco para terminar el partido para luego ir a camarín merengue. Todas cosas impagables que sólo podía hacer el mejor papá del mundo. Y ayer mientras transcurría el minuto de silencio, todas esas imágenes se hacían tan fuertes como el amor que siento por él.
No quise herir susceptibilidades cuando recordaba su famosa frase "son los quince de mi papá", y él hacía alusión a la fuerza que mi abuelo nos podía dar desde el cielo cuando la U tenía un resultado adverso y faltaban sólo quince minutos para terminar el partido, y que ayer resultó premonitoria de una remontada crema que estoy seguro lo llenó de alegría. Pido una vez más disculpas a los hinchas de Cristal porque mi labor de periodista exige una imparcialidad que mi condición de hijo ayer no me permitió. La U volteó un partido que quedará en la memoria de sus hinchas, tanto como espero quede el recuerdo de mi Daddy entre sus muchos amigos y gente que se portó de mil maravillas como el Ingeniero García Pye con su directiva, y las muchísimas personas que se acercaron a demostrarme su sentir, a las que agradezco profunda y sinceramente.
Atrás quedaron todas esas visitas al estadio, esos regresos por el zanjón escuchando los comentarios del partido por la radio, o esos "tiritos al arco" que jugamos una y mil veces al volver. Lo que nunca pasará es el amor a un padre que entre los muchos valores que me inculcó, sembró en mí el único amor que nunca he traicionado, el amor a Universitario, porque hasta el día que yo muera, cada vez que vea una camiseta crema veré la cara sonriente de mi Daddy que seguro me tiene reservado un lugar en aquellos asientos que por pasión hizo suyos.
Hasta siempre Daddy querido. Y dale U. |
N. de R.: Luis "Papelito" Cáceres, periodista de R.P.P. e hincha de la "U", es amigo de esta casa y le reiteramos las condolencias del caso por tan sentida pérdida.

(RPP) Cuesta no mezclar la vida privada y el sentimiento cada vez que uno se sienta enfrente de un micrófono, y ayer no era precisamente el momento para hacer una excepción. Mi padre (mi Daddy, como le gustaba que lo llamemos) había fallecido sólo hace unos días atrás y el partido de anoche, entre Universitario ("su querida "U") y Sporting Cristal, sirvió para rendirle un pequeño homenaje a través de un minuto de silencio y el recuerdo de su membresía honoraria con carnet 00002 que tanto lo, y nos, llenaba de orgullo.